La luz azul provoca el envejecimiento de la piel

La luz azul provoca el envejecimiento de la piel

Con el mes de agosto llegan, para muchos, las vacaciones. Tras el duro invierno y el final del curso escolar es tiempo de playa, de montaña y de pasar tiempo al aire libre. Muchas son las campañas que nos advierten de los riesgos de exponernos al sol sin la debida protección solar para evitar daños en nuestra piel. Sin embargo, ¿sabía que la luz de las pantallas que desprenden los dispositivos móviles produce también daños dermatológicos?

Así concluye una revisión bibliográfica de las evidencias científicas sobre el efecto perjudicial que la llamada «luz azul» visible produce sobre la piel. Dicho trabajo –realizado por la Vocalía de Dermofarmacia del Colegio de Farmacéuticos de Sevilla utilizando bases de datos de revistas científicas como «Pubmed», «Scopus» y «Science Direct»– asegura que la exposición a estos rayos incrementa la producción de radicales libres y puede desembocar en inflamación crónica, lo que se traduciría en una piel seca, deshidratada y con la pigmentación alterada. Vamos, lo que sucede cuando le decimos a alguien que se le ha quedado «cara de ordenador» después de pasar muchas horas frente a la pantalla.

Como explica Cristina Eguren, miembro de la Academia Española de Dermatología (AEDV), «la luz azul provoca fotoenvejecimiento fundamentalmente a través de dos mecanismos. En primer lugar, produce estrés oxidativo y aumenta la formación de radicales libres, lo cual acelera el envejecimiento de la piel. En segundo lugar, incrementa la inestabilidad de los melanocitos induciendo la formación de melanina y, por tanto, la aparición de manchas».

El trabajo, además de los efectos que produce la luz azul natural, también pone el foco sobre los que provoca la artificial, la que desprenden los dispositivos electrónicos.

Y es que el espectro solar comprende la emisión de radiaciones que abarcan longitudes de onda desde los 290 a los 3.000 nanómetros: ultravioleta (290 a 400 nanómetros), visible (400 a 700 nanómetros) e infrarrojo (IR) (por encima de los 700 nanómetros). Uno de los intervalos en los que se ha focalizado una mayor preocupación por sus efectos sobre la piel es el de la luz visible, y en especial en el de luz azul natural (que abarca en la longitud de 400 a 500 nanómetros) y también la luz azul producida de forma artificial, ya que los dispositivos electrónicos de uso muy común entre la población –como son las tabletas, los teléfonos móviles o los ordenadores– emiten este tipo de luz que sería la responsable del llamado «envejecimiento digital» de la piel.

«Dentro del espectro de luz solar, la radiación ultravioleta es la más dañina de todas y la que aporta un mayor riesgo de desarrollo de cáncer de piel y fotoenvejecimiento y, por tanto, se mantiene como la radiación más importante de la que protegernos. Sin embargo, hoy ya sabemos que otras radiaciones, como la luz azul, tienen parte de responsabilidad en el fotoenvejecimiento y sería conveniente comenzar a utilizar filtros solares que incluyan barreras frente a ésta y antioxidantes para combatir el estrés oxidativo generado», continúa la doctora Eguren, que es dermatóloga en Clínica Eguren Dermatología y Estética.

De hecho, y como apunta, los laboratorios dermocosméticos empiezan a desarrollar los primeros filtros para proteger la piel de este tipo de radiaciones «como el BLB (Blue Light Barrier) desarrollado por Uriage y ya disponible en el mercado», o el Urban Sérum diseñado por Martiderm, entre otros.

Actualizar los protocolos

Hasta ahora se sabía que la luz azul afectaba de forma negativa a la visión, produciendo el llamado síndrome visual informático, pues se ha visto que el empleo de pantallas disminuye el ritmo de parpadeo, reduce la secreción del lagrimal y produce fatiga visual. También que el uso de estos dispositivos por las noches está asociado a mayores tasas de insomnio ya que altera la secreción de melatonina (una hormona que normalmente se eleva por la noche y desempeña un papel en la inducción de la somnolencia favoreciendo la conciliación del sueño) inhibiéndola, además de retrasar el ritmo circadiano del organismo.

Ahora los expertos van un paso más allá, y entienden que «sería conveniente rediseñar los protocolos de actuación en protección solar para evitar los daños sobreañadidos a los ya provocados por las radiaciones UVB, UVA e IR», como asegura Gema Herrerías, vocal de Dermofarmacia del Colegio de Farmacéuticos de Sevilla, quien presentó los resultados de esta revisión bibliográfica en el congreso Infarma de este año.

Source: A tu salud

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